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Túnez se consolida como destino de talasoterapia

Con una cuarentena de centros de talasoterapia y más de diez años de experiencia, el país se impone como el segundo mejor destino, por detrás de Francia, para recibir una cura de yodo.


La talasoterapia en Túnez ha ganado prestigio y reconocimiento entre las sociedades científicas internacionales gracias a sus instalaciones de última generación y a su personal cualificado. Además, el país permite aprovechar las virtudes del agua del mar a precios muy asequibles.

La talasoterapia es un procedimiento terapéutico, bajo vigilancia médica, que emplea las propiedades beneficiosas del mar con un fin preventivo y curativo. Este sistema nació a raíz de que, en 1904, el biólogo René Quinton justificara científicamente las virtudes terapéuticas del medio marino, estableciendo la semejanza entre la identidad de su composición y la del plasma sanguíneo. Los médicos descubrieron que los baños calientes yodados favorecían a sellar las fracturas y mejoraban los dolores en las articulaciones. La talasoterapia pronto logró destacar como cura preventiva de numerosos tipos de deficiencias.

Túnez ha sabido aprovechar las virtudes del mar, su clima y su privilegiado entorno para construir centros de talasoterapia que canalizan el agua desde alta mar. En ellos, la vigilancia médica es constante, su personal está altamente cualificado y la higiene es absoluta. Así, el país se ha convertido en uno de los destinos mejor valorados para combatir el estrés, las alteraciones cutáneas, los trastornos reumáticos o traumáticos, el envejecimiento, la celulitis, las varices, las contracturas musculares o incluso los trastornos alimenticios y la preparación o recuperación del parto. Y todo ello a escasas horas de avión.

El país cuenta tanto con establecimientos de capacidad reducida como con centros de grandes infraestructuras con capacidad de hasta 300 personas. Los tratamientos pueden ser individuales o colectivos. Estos últimos incluyen sesiones de aquagym o masajes con chorros en recorridos marinos especialmente estudiados para aliviar contracturas musculares.

En cuanto a los cuidados individuales, los grandes clásicos siguen siendo los baños de burbujas y las duchas de afusión, en las que el cuerpo permanece tumbado y recibe una fina lluvia de agua de mar. Otro tratamiento muy común es el hidromasaje, que se ejecuta en una bañera con un chorro de agua dirigido manualmente para tratar las zonas de tensión, una obstrucción intestinal o las vértebras lumbares bloqueadas. También se aplican lodos marinos para que la piel absorba sus oligoelementos, tan beneficiosos para el bienestar. La ducha con chorros somete a ciertas zonas del cuerpo a altas presiones y temperaturas variables resultando ser muy tonificante y efectivo para mejorar el sistema nervioso y eliminar la celulitis.

Menos habituales son los masajes bajo afusión, realizados a dos o cuatro manos y que asocia los beneficios de la manipulación del cuerpo con las virtudes antifatiga de la lluvia de agua de mar. A este programa marino también se pueden añadir cuidados en seco, como drenajes linfáticos para ayudar a la eliminación de toxinas, shiatsu o reflexología podal. Es común que los centros dispongan de sauna o hammam para proporcionar más relajación aún, las cuales deben utilizarse moderadamente antes de instalarse en la sala de reposo provista de ventanales con vistas al mar.

En cuanto a los establecimientos, si se busca tranquilidad se recomienda acudir a los centros de la costa norte, pero si se prefiere disfrutar de un ambiente festivo por la noche, mejor elegir los de la costa este.


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Publicado el 18/07/2016 en Salud y Bienestar
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